¿Athleisure o joggineta?

Antes de la llegada de la pandemia, ya empezábamos a ver como celebridades de otras partes del mundo usaban joggins o chándales, buzos de algodón y zapatos de taco para salir a la calle.

Quizá, como toda tendencia, al principio el ojo no se acostumbra. Primero creemos que “es una ridiculez”, hasta que vemos un conjunto parecido al que usa alguna de las Kardashian (de bastante menor valor) y lo compramos. Y nos damos cuenta que no estaban tan errados, que es por ahí la nueva moda. 

A mediados de marzo llegó la cuarentena obligatoria a nuestro país y entendimos que usar jeans, ropa ajustada e incómoda no era lo que queríamos. Entonces cobró mucha más fuerza, por lo menos en Argentina, el llamado “athleisure”. Esa combinación entre atlético (athletic) y ocio (leisure) o, cómo nos gusta decirle a nosotres, la joggineta. Pero reversionada. Ya no más ese jogging descolorido que nos queda grande y hasta está manchado con lavandina. 

Lo que se impone y, probablemente perdure en el tiempo, es usar esos famosos conjuntos “joggers” como más nos guste. Con zapatillas, tacos o borcegos. Con campera de cuero, un trench o una campera de jean oversize. Gracias a la cuarentena nos dimos cuenta que lo que queremos y necesitamos es estar cómodes. Y esta tendencia sí que nos ayuda. Pero hay otra realidad y es la nuestra, la de les marplatenses. Pareciera que todas las tendencias de cada temporada y de cada año, se adaptan más a la vida de las y los porteños, pero muy pocas veces lo vemos reflejado en la gente de nuestra ciudad.

¿Será que llega más tarde o qué no nos animamos? Se presenta como un poco de ambas opciones. Aunque varias marcas traigan ropa de Avellaneda por ejemplo, vemos casi siempre lo mismo. Y otra cuestión, no menos importante, es el crecimiento de los showrooms y de la ropa talle único que le entra a muy pocas chicas y mujeres. Y eso nos limita a la hora de vestirnos, porque la ropa que está de moda no nos entra ni en la pantorrilla. Lo mejor respuesta es animarse. Si nos gusta la tendencia, buscar el modelo que nos cuadre y salir a la calle, atreverse. Y quizás, podamos hacer que más personas se animen también.

De todos modos, aunque parece una tendencia que nació en este particular contexto, esta ya existía. Según la revista de innovación y tendencia Connections By Finsa, en el siglo XX la reducción de la jornada laboral dio lugar al surgimiento del tiempo libre, y la gente comenzó a utilizarlo para hacer deporte. Así nacieron los gimnasios y la necesidad de indumentaria más apropiada para el ejercicio físico. La ropa hecha “para transpirar” se empezó a usar en la calle para tener un look informal y deportivo, lo que trajo como consecuencia un cambio en la moda de la época. “Si durante siglos la calidad y confección de nuestra ropa había servido para distinguirnos, la ropa deportiva nos iguala: vos podes ponerte las mismas calzas que Beyoncé o la misma remera que Mark Zuckerberg y compartir zapatillas con alguien del sexo opuesto”.

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