Este viernes fue asesinado otro ciudadano palestino en Cisjordania, luego de participar en una movilización social. Reclamaban la ilegalidad de los asentamientos israelíes. 

Foto: palestinalibre.org

La crisis humanitaria en Oriente Medio no cesa. Los conflictos entre Israel y Palestina son permanentes, y los acuerdos de paz parecen estar lejos de concretarse. Ciudadanos inocentes son quienes más pagan las consecuencias de una guerra en la cual nadie admite tregua. Este viernes, el ejército israelí asesinó de manera frívola a un adolescente de quince años que se encontraba en una movilización palestina en Cisjordania. Más de 70 años de tensión, y los intereses no mitigan. Es triste ver la codicia reflejada en los asesinatos. El deseo de obtener poder y razón socava el ánimo y la paz.

Este asesinato se suma a los otros tres del jueves que ocurrieron en la ciudad cisjordana de Yenín, durante un operativo de arresto israelí. Las movilizaciones sociales en Palestina, mayormente organizadas los días viernes por ser día de descanso laboral, repudian la ilegalidad de los asentamientos de las colonias israelíes tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza. El motivo para marchar y demostrar cierto repudio está justificado. Por ende, el asesinato de Mohamad Saeed Hamayel es una medida exagerada por parte de las fuerzas militares de Israel.

La lucha por la supremacía territorial e ideológica, no solo niega toda posibilidad de libertad, sino que impone miedo en la sociedad. Difícil debe ser vivir bajo amenazas contantes, en una oscuridad que solo es alumbrada por los cohetes y/o misiles que arriban del cielo. La desesperación de no saber si habrá futuro revuelve las entrañas y genera estrés. Muchos ciudadanos sin hogares, sin saber a dónde ir ni qué hacer. La situación es difícil de manejar, pero hay que ponerle fin.

Cada día hay conflictos y están en riesgo millones de vidas. Cuanto más se tarde en encontrar una solución, más serias serán las consecuencias. La intervención internacional deberá ser más precisa y encontrar el camino hacia nuevas negociaciones de paz. Porque está claro que nadie puede vivir bajo estas circunstancias y, mucho menos, normalizarlas. Para ponerse de acuerdo, hay que aprender a soltar. 

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