La decisión fue anunciada por la Conmebol, que luego de suspender a Argentina como sede, determinó que el país vecino desarrolle la competición. El partido inaugural se disputará el 13 de junio y la final, el 10 de julio.

Archivo: Goal.com

Luego de varias especulaciones e incertidumbres la ilusión de todos los argentinos quedó destruida de un día para el otro. En la noche del domingo, la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) anunció la suspensión de la Copa América 2021 en Argentina debido a la crisis sanitaria por el Covid-19. Sin embargo, esto no fue lo peor, ya que este lunes se confirmó que la nueva sede será en Brasil, lo cual generó una fuerte repercusión en los ámbitos deportivo y político. 

En un principio, la competición iba a tener por primera vez dos sedes: una en Argentina y la otra en Colombia, pero ambas fueron descartadas por diversos motivos. La segunda, por la inestabilidad sociopolítica en contra de la reforma tributaria impuesta por el presidente Iván Duque, que ocasionó más de 50 muertes y miles de heridos. Así, se volvió inviable desarrollarla en las tierras cafeteras.

En nuestro país, el Ministro de Interior, Eduardo de Pedro, fue quien tomó la dura pero acertada decisión de no organizarla. Aunque se cuenta con los protocolos e hisopados necesarios, Argentina no atraviesa una situación epidemiológica favorable, cuenta con más de tres millones de personas contagiadas y ochenta mil fallecidos. Por eso, en este momento crítico es fundamental priorizar la salud y vacunar a la mayor cantidad de gente posible antes de realizar un evento deportivo que puede agravar el panorama. 

Al respecto, el Ministro de Turismo Matías Lammens dijo: “Nos parecía que era un mensaje confuso en este momento en el que le estamos pidiendo a la gente que haga un esfuerzo muy grande”. Su postura es certera, ya que daría una imagen negativa para el resto de la sociedad al priorizar el fútbol cuando aún la suspensión de clases presenciales es un tema esencial por resolver.  

Por otro lado, la terrible decisión que tomó Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol al determinar que Brasil sea la nueva sede de la Copa América, llamó mucho la atención por justificar que “vive un momento de estabilidad en la pandemia”, cuando en realidad está muy equivocado. Actualmente, atraviesa uno de los escenarios más críticos, ya que con más de 460 mil muertes es el segundo país con más decesos. Además, es el tercero respecto a infectados al superar los 16 millones de casos positivos. 

También tuvo gran repercusión la resolución del presidente Jair Bolsonaro, quien se mostró a favor de realizarla en tierras brasileñas. De esta manera, se presenta una perfecta oportunidad para ocultar la crisis sanitaria que atraviesa el país al direccionar todas las miradas a este gran evento deportivo. A su vez, permite posicionar mejor su imagen al probar que están en condiciones de organizar el certamen pese a los contagios, mientras en otros lugares no fue posible. 

Otro aspecto a destacar es la postura del vicepresidente, Hamilton Mourao, quien dijo “llevar la Copa América a Brasil tiene menos riesgo que Argentina”.  Esto demuestra que, para el gobierno brasileño, la pandemia siempre fue considerada un tema de menor importancia y deciden priorizar una actividad como el fútbol antes que cuidar la salud de su población. 

La medida de realizar la Copa América alcanzó repercusión en los sectores de la oposición, lo cual se vio reflejado a la hora determinar las sedes donde se jugarán los partidos. Se estableció que fueran en Rio de Janeiro, Brasília, Goiás y Mato Grosso do Sul. Estos cuatro son estados gobernados por aliados de Bolsonaro. Mientras, Sao Paulo, dirigido por Joao Doria, rival político del presidente, decidió no ofrecer sus estadios.

Un dato a destacar sobre los cuatro estados donde se disputarán los encuentros es la situación epidemiológica que atraviesan, ya que tienen más de tres cuartos de ocupación hospitalaria para pacientes con coronavirus. El más crítico es Río de Janeiro, que cuenta con un 95% de camas ocupadas y es la segunda ciudad con más muertes, al superar los 50.000 decesos.

También, una parte del oficialismo se mostró en contra de que Brasil organice la copa. Uno de ellos fue el senador Renan Calheiros, al considerar al torneo “un campeonato de muerte”. Tiene razón, porque Brasil está más cerca de una tercera ola que de reducir la cantidad de contagios. Por eso, es un riesgo exponer a los técnicos y jugadores a que participen, sumado a un eventual aumento exponencial de casos.

En el ámbito deportivo varios técnicos y jugadores expresaron su descontento frente a la terrible situación. Se puede mencionar a Martín Lazarte, director técnico de Chile, quien expresó: “Me parece un riesgo enorme, la salud está primero por lejos” y su razonamiento tiene lógica. Aun así, es incomprensible cómo la Conmebol sigue con la idea de disputarla cuando todos los países de Latinoamérica viven un escenario crítico por la segunda ola de coronavirus.

La Copa América se convirtió en un problema sin fin cuando debería ser un evento mundial para que todos disfruten. Sin embargo, la crisis sanitaria que atraviesan los países de Sudamérica es una cuestión que no se puede obviar. Por eso, es conveniente suspender la competición. Ahora, la cuestión más importante es preservar la vida de las personas y vacunar a la mayor cantidad de la población. Mientras tanto, el fútbol podría esperar.

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