Talentoso y polémico. Tan ciclotímico como carismático, llegó a ser número 5 del mundo y a ganar Roland Garros, nada menos. Pero pocas veces pudo disfrutar del deporte que lo hizo famoso.

Foto: Telam

Gastón “Gato” Gaudio fue uno de los tenistas argentinos que mejor ranking tuvo y sin duda alguna el más controversial dentro y fuera de la cancha. Las peleas con sus colegas, sus diferencias con los entrenadores en medio de los partidos, los insultos que expresaba cada vez que se sentía incómodo en la cancha lo transformaban en uno de los atletas más polémicos de su deporte.

 La vida pasó fugazmente para él. Bueno, el tenis, que al fin y al cabo fue su vida. Desde que era chico su juego sobresalía de los demás, pero tardó en despegar por distintos motivos. Su madre no lo dejaba viajar a los torneos juniors que no se jugaran en Argentina o en países vecinos. Esto lo perjudicó notablemente y le costó equipararse con sus rivales en los primeros años como profesional. Al volverse más grande, sus relaciones sentimentales, extrañar a la familia y ver al tenis como un trabajo, hicieron que repentinamente se desmotivara.

Nació en Buenos Aires el 9 de diciembre de 1978. A los 4 años agarró su primera raqueta y no la soltó más hasta que se retiró. Cuatro años más tarde, su familia decidió convertirlo en un deportista federado, por lo que comenzó a competir de manera profesional a muy temprana edad. Pasó de ser un niño de club, de viajes a Disney World y de veranos en Mar del Plata, a un adolescente obligado a ser el soporte de una familia (su padre sufrió dos infartos). Y cuando empezó a disfrutar del tenis, no lograba victorias. Y eso lo volvió autodestructivo. Gaudio no quiso ser Gaudio. Pero no tuvo opción.

En una de sus entrevistas con el periodista Guillermo Salatino, declaró: “Fui demasiado ciclotímico, a veces estaba bien, a veces estaba mal y no lo podía controlar. No importaba qué pasaba. No importaba la situación, si estaba jugando la final de la Copa del Mundo o la Copa Davis, no me importaba nada. Yo estaba mal, no fui lo suficientemente fuerte de cabeza o inteligente para poder salir de ese estado y tratar de disfrutar de ese momento”. Como jugador y como declarante siempre fue bastante transparente. Decía lo que sentía en cualquier reportaje y ante cualquier persona. Su cabeza le jugaba en contra permanentemente, así de crítico se sintió durante toda su carrera. 

La presión que sufría al ser profesional seguramente lo haya limitado. Pero a la vez le permitió llegar a ser lo que fue. Su mejor posición fue la número 5 del mundo, el 25 de abril de 2005. Para muchos profesionales y amantes del tenis, el golpe de revés de Gaudio figura en el top 3 de los mejores de toda la historia. Su particular disparo a una mano, le facilitaba la velocidad a la hora de armar el tiro. Su arma mortal era que no se sabía a qué lado jugarle, solo había que esperar a que en algún momento (casi siempre llegaba) se enojara y se fuera del partido. Algún punto mal jugado, algún gesto del rival, una mala decisión del juez de silla, un movimiento de una persona en la tribuna, siempre aparecía algo que lo sacaba de eje.

Fue aquella tarde calurosa del 6 de junio de 2004  en París, cuando enfrentó en la final de Roland Garros, a su máximo “enemigo” del tenis: Guillermo Coria. La tensión en el ambiente era impresionante, Coria sacaba 15-40 (con doble match-point en contra) y Gastón, luego del maratónico partido, tenía la posibilidad de cumplir el sueño de toda su vida. Devolvió el segundo saque al centro de la cancha, Coria lo atacó con un buen drive, el propio Gaudio se defendió con un slice al fondo y cuando se la devolvieron cruzada, ejecutó un revés perfecto cruzado que lo dejó quieto a su rival. Y así coronó el logro más importante de su historia. Contra todo pronóstico, Gaudio con unos parciales de 0-6, 3-6, 6-4, 6-1 y 8-6 se alzó con uno de los codiciados torneos de Grand Slam.

 “¡Para qué carajo vengo, si no me gusta jugar acá! ¡Toda la vida jugando y no mejoré ni un poco! ¡No me tendrían que dejar jugar este torneo, es ilegal! ¡Qué mal que la estoy pasando!”. Estas fueron algunas de las tantas frases que soltaba cada vez que jugaba. La ira que contenía por diferentes motivos las descargaba jugando al tenis.

La relación con sus entrenadores era muy particular. No se sentía a gusto con su labor hasta que lograba encontrar un vínculo emocional. Este provenía siempre y cuando no hablaran de tenis. En su época de profesional veía con malos ojos a los coaches y ha declarado que nunca sería entrenador cuando deje el tenis. Hoy por hoy es el capitán del equipo argentino de la Copa Davis.

Su pasión por el fútbol también ha de ser destacable. Fanático de Independiente de Avellaneda, no se pierde ningún partido y muchas veces dijo que un día, si se lo permiten, será el presidente del club. En una entrevista antes de que Argentina se alzara por primera vez con el trofeo de la Copa Davis, declaró: “Prefiero a Independiente campeón de América que a Argentina ganando la Davis”. 

La carrera de Gaudio será recordada como la del tenista que tuvo todo para ser el número uno en su momento, menos su cabeza. Luego de duras derrotas como ante Roger Federer en un Torneo de Maestros, por un triple 6-0, llegó un momento en el cual la gente comenzó a bañarlo en críticas.

Su inestabilidad emocional, el estrés generado por la presión que sufría y las lesiones llevaron a que su último partido oficial fuera a los 31 años, el 2 de agosto 2010. Perdió ante el español Pablo Andújar, 6-0 y 6-2, en la primera ronda del Abierto de Kitzbuhel (Austria). En 2011 decidió colgar la raqueta. Lo anunció el 30 de agosto y se despidió en un partido de exhibición con su amigo de la infancia y colega Mariano Zabaleta. Ese día remarcó entusiasmado que volvió a ser feliz. 

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