El 10 de diciembre de 2019 se vislumbraba como el inicio de un cambio de libreto, ya no se darían vuelta las páginas, asumía Alberto Fernández como presidente de todos los argentinos con Cristina Fernández de Kirchner en el rol de vicepresidente. Pero un efecto dominó comenzó a diagramarse tras las primeras fichas de pandemia que cayeron en Wuhan, China.

La preciada agenda deparaba un nuevo comienzo, pero todo cambió de la noche a la mañana, un viento recio y por demás frío de Covid llegó para quedarse y arrasó todo a su paso, convirtió las majestuosas ciudades en simples pueblos fantasmas. Nadie pensó que las fiestas navideñas de 2019 serían una de las últimas reuniones familiares que tendríamos. A todo ello, el padre de la patria enmudecido no podía hacer otra cosa que observar. El billete de cinco pesos que llevaba el rostro del general Don José de San Martín salió de circulación definitivamente en el mes de enero de 2020.

En mayo, la cuarentena empezó su segmentación geográfica. Y las siglas “CABA” y “AMBA” comenzaron a ser utilizadas de manera frecuente luego de los anuncios del Presidente, donde el Área Metropolitana de Buenos Aires tuvo que quedarse en una fase 3, mientras el resto del país pasaba a fase 4. En julio, el Ministerio de Salud de la Nación informó las cifras oficiales, los decesos ascendían a 2.050 y sumaban a esa altura 111.160 contagiados desde el inicio de la pandemia en Argentina.

Los primeros días de septiembre se produjeron incendios forestales en Córdoba, que arrasaron con todo a su paso y quemaron más de 40 mil hectáreas de bosques nativos y tierra productiva en sólo 14 días. Montes, pastizales, cultivos, viviendas, flora y fauna quedaron reducidos a cenizas y las llamas amenazaban con seguir su camino si el agua no se hacía presente. Córdoba se ubica, por razones climáticas y geográficas, entre los lugares del mundo con mayor riesgo de incendios. Tiene varios meses casi sin lluvias, que dejan forestaciones secas tras las heladas de invierno.

El año 2020 simbolizó para las cuatro latitudes del globo un páramo, un recoveco al lado de un camino muy sinuoso, una pendiente peligrosa que puso en estado de alerta a las grandes potencias y también a aquellas que ansiaban despertar en algún momento.

Lo que el viento se llevó es una mítica película estadounidense, situada en el sur de Estados Unidos con el telón de fondo de la Guerra de Secesión. Esta obra maestra narra la romántica historia de Scarlett O’Hara (Vivien Leigh) y Rhett Butler (Clark Gable). “Tara… es mi hogar. Iré a mi casa, idearé algo para hacerlo volver. Después de todo, mañana será otro día”, dice su protagonista femenina. Una oración para consolarse y dar impulso para reconstruir su vida y sus propiedades luego de la Guerra Civil de los Estados Unidos (1861-1865).

Literalmente nuestro país intenta reconstruirse luego de un vendaval de malos pasares. Esa frase tan peculiar de la protagonista del film es un fiel reflejo de aquello con lo que nos enfrentamos cada día quienes vivimos intentando llegar a un nuevo amanecer. Una tierra alejada de los ojos del mundo, fuertes vientos que se llevan todo lo que encuentran por delante, un periodo de expectativas que se topa con un muro de dificultades globales que terminan haciendo mella en el ámbito nacional. Un auténtico año fantasma, crónicas de lo que el viento se llevó en la República Argentina.

Si hay una figura estelar en esta historia es la del doctor Alberto Crescenti, el Director General del S.A.M.E. (Sistema de Atención Médica de Emergencia), un héroe entre las tumbas de una pandemia que hizo del año pasado un mal recuerdo. Él coordina la asistencia de las víctimas, habla con la prensa y muestra la vocación en cada una de las difíciles tareas que emprende. Cada vez que hay una emergencia de magnitud, él es una de las primeras personas en llegar. “Nunca des por muerto a nadie”, dice. Y así debe ser.

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