Todos recordaremos dónde estábamos y cómo nos enteramos de la muerte de Diego Maradona. Un mito viviente que hoy descubrimos que era humano. Solo así se entiende que haya muerto, a los “600” años. No hay error de tipeo. Cada año de Diego fueron 10 de cualquiera de los terrenales. Él no lo era.

(@FotosFamiliaMdP)

¿Cuántas veces estuvo al borde la muerte? ¿Cuántas internado? ¿Cuántas lo dieron por muerto? Es por eso que esperamos que “resucite” de nuevo. Pero esta vez es fecha cierta. Diego Maradona falleció el mismo día que otro distinto como Fidel Castro. A los 60 años de edad como tenía Néstor Kirchner, y aunque éste sea “menos  casual”, algo debe querer decir. En el año del Covid, ahora será más inolvidable el 2020 por lo nefasto, por si algo faltaba. Es decir, se nos fue otro “pariente”, como uno de los 959 que murieron por el virus, la sensación es esa.

Tal es la cercanía, aunque casi no lo hayamos tratado, que el whatsapp de todos y cada uno de mis contactos en el teléfono llegaban como dándome un pésame por un familiar. Pero como de un familiar del que también mandó el mensaje: “estoy destruido”; “es tristísimo”; “no lo puedo creer”; “murió Diego QEPD”; “a vos que te parece?”; “no sabés cómo estoy”.

A los futboleros se nos murió un “pariente”. Las miserias humanas de Diego, muchas las tenemos pero no se televisaron. No vale alzar la voz con un “yo nunca haría tal o cual cosa…” o “eso es de mala persona”.

Maradona se acercó a Menem, por ejemplo, pero a partir de la muerte de Carlos Jr, y eso lo acercó humanamente para que luego lo usaran en las recordadas campañas anti drogas. Son injustas e injustos los que lo acusan de misógino, de machista o acosador, porque los que nacimos en las décadas del 50, 60 y hasta del ’70 del siglo pasado, ¿no fuimos/somos todo eso? Así lo educaron, así nos educaron en una sociedad patriarcal, y Maradona ha sido tan brillante que si hubiese estado mentalmente sano, también se hubiera deconstruido como lo hacemos los que pisamos los 60 años de edad como tenía él. No hay dudas.

Me disculpo por lo desordenado de este relato, pero es lo que fluye a medida que le doy a las teclas para plasmar estas líneas en el portal de Radio Eter, y no sé si vale alguna experiencia personal con él. Solo la citaré para dar muestra de lo humilde y gente de corazón que fue en el pináculo de su carrera. Sin querer sacar ventaja alguna de nadie, y sin obligaciones para con un desconocido – que tampoco hubiese objetado que no lo atendiera -.

Diego era DT de Racing y debutaba con Carlos Frem en el estadio Minella en el fútbol de verano. Yo era vestuarista para Radio Continental, pero sin un cubo en el micrófono ni logo que identificara el medio de difusión para el que trabajaba. El partido se jugaba a las 22.10, la transmisión comenzaba a las 21.00. Yo estaba en la antesala al ingreso del vestuario acomodando los elementos para desarrollar mi tarea a las 19.45. El micro que trasladó al plantel racinguista al playón techado del estadio llegó a las 20. Pasaban los jugadores con sus bolsitos y el último en la fila era él. No había aún ningún otro periodista a la vista. Le pegué el grito: “Diego! ¿me das un minuto para la radio?” – nunca dije para cuál emisora-. Sin dudas que para Maradona yo era un cronista de un medio marplatense.

Diego me respondió: “esperá que me acomodo, me cambio en el vestuario y vengo…” ¿Qué sucedió? Hasta las 21.30 no salió, cuando abrió la puerta del camarín ya tenía una decena de cámaras de TV (Telefe, TyC, Canal 8, Canal 13, TN, Canal 10, ESPN, y hasta canales de Córdoba y Rosario), 6 cronistas de radios capitalinas y escribas de los diarios. Yo, sentado junto a mi consolita instalada y enchufada a una columna a 5 metros del lugar, supe que no habría nota con Diego. Y… de repente escucho su voz altisonante, acallando al murmullo que generan 15 preguntas de periodistas hechas a la vez. “Momento, momento, ya vuelvo que tengo que hablar con él; si, “él” era yo. Se me acercó, me dijo “dale“, le puse auriculares y cuando dije “Victor Hugo, estoy con Maradona” se le iluminó la cara, como autodiciéndose “¡qué bueno! no me equivoqué al elegir a este pibe primero” (y no solo porque fui primero en pedirle la nota).

Solo quiero agregar lo que hoy dijo Victor Hugo: “Diego nos regaló este 25 de noviembre para un sentimiento unánime, sin grietas. Luego de muchos años, estamos todos y todas tristes”.

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