El territorio en kilómetros cuadrados de la Argentina es tan extenso que fijar una fecha cierta para el regreso de la actividad de los campeonatos oficiales del fútbol profesional es imposible, aunque la Conmebol pretenda el inicio de la copa Libertadores de América para el 15 de septiembre, y la presión que TNT – dueña de los derechos de TV en el país – ejerce para que presidentes de clubes como Nicolás Russo declaren que “el viernes 25 de septiembre comenzarán los campeonatos de la Liga Profesional, de la Primera Nacional y los Federales “.

Mi aseveración no es porque  “creo” que sea inviable fijar una fecha, sino por los crudos datos de la realidad: no es válido tomar como referencia a ningún país de Europa que está en marcha, puesto a que son – comparando con el mapa nuestro – una pequeña porción territorial, donde “dando 20 pasos” estás en otra ciudad. Aquí, para comenzar los certámenes de todas las categorías (dijo Tapia: “Volvemos todos o ninguno”) el  sentido común nos marca que sin la vacuna, será imposible.

Analicemos:  Talleres – Aldosivi;  Belgrano – Alvarado; Cipolletti – Círculo Deportivo de Comandante Nicanor Otamendi, ¿es posible abordar un avión y pisar otra ciudad, sin que te dejen en “cuarentena” en la ciudad a la que llegás?. Sin hoteles, sin utilizar vestuarios. Los futbolistas del ascenso a los que les brindarán los “protocolos” para ir a entrenarse, ¿todos tiene auto? Y los que van en tren o colectivo a la práctica, aquellos jugadores que viven con sus padres mayores ¿no temerán llegar a casa y contagiar a sus progenitores?

En Brasil, el evidente desequilibrio mental del presidente de la Nación, Jair Bolsonaro, además de las actividades admitidas en la vida social de los brasileños, autoriza jugar al fútbol y las noticias de contagio del coronavirus son permanentes, y ya hay planteles enteros pasados a cuarentena. 

Imaginemos en la Argentina que el domingo por la mañana Armani en River y Tévez en Boca den “positivo” y por la tarde tengan un encuentro definitorio para ambos clubes ¿qué sucedería? ¿postergan el partido? ¿habrán contagiado a sus compañeros? ¿juegan igual con la merma de calidad en cancha? ¿Llenaremos de “asteriscos” la tabla de posiciones?, porque en cada equipo esto sucederá , dada la cantidad de profesionales por plantilla. Los rivales que a la mañana siguiente del cotejo disputado se desayunan con que el delantero que estuvo marcando cuerpo a cuerpo, le dió positivo de Covid-19 ¿tienen que mandar a la familia y a sus compañeros a aislarse a un hotel y suspender el campeonato?

La única respuesta es que, aunque inviertan la millonada que significa hacer los controles/hisopados antes de cada encuentro a los miles de jugadores, los deportes colectivos, profesionalmente hablando, ni siquiera logrando concentrar a todos los planteles en una misma ciudad y definir en 3-4 estadios (que no los hay) del mismo lugar los campeonatos, tendrá lógica empezar a jugar antes que descubran la vacuna. Caso contrario, será un “ir y venir” de decisiones con los certámenes en marcha, y los cotejos postergados permanentemente cada dos o tres fechas, con suerte.

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