Living comedor en casa de clase media argentina. Padre de familia; esposa; hijxs de 12, 15, y 18 años. Hermano del padre; hermanos de la madre con sus respectivas parejas. Plasma con un partido del fútbol argentino. Llega el entretiempo. Se terminó la existencia de yerba. El vino con el almuerzo pasó a ser un muestreo de botellas vacías. Alguien del grupo familiar lo advierte, y consulta: – ¿Quién puede ir a comprar provisiones? –

El chiquilín de 12 años se ofrece, le piden que traiga las galletitas de siempre y un par de sachets de leche. Cuando está por cerrar la puerta de salida, escuchá un reclamo del tío: “por favor, traeme un paquete de yerba y un vinito que luego te doy el dinerooo…”

Cuando en el mercadito del barrio ya cargó los dos sachet de leche El Amanecer y las Granix de cada semana, advierte que el tío no mencionó las marcas de la yerba ni del vino. Épocas sin teléfono celular. Al regreso, en las bolsitas del mercado, un paquete de Rosamonte y una botella de vino Toro.

¿Qué pasó? Fútbol de primera en casa. Como prefiere dicha organización empresarial que suceda con más asiduidad. Y si es posible, que pronto llegue el público virtual, “dibujado” por una computadora, con sonido ambiente en los estadios. La violencia en torno al fútbol, les es funcional.

Cuando se acerca la hora del partido, “la jefa” de la casa dice a viva voz a su marido “ni se te ocurra llevar a los chicos a la cancha, que es un peligro”. Entonces, asisten al estadio solo dos personas: el “hombre de la casa” con el cuñado, ya que, el otro hermano prefirió quedarse y acompañar al resto. Se miran los dos que iban a alentar a su equipo y como se sienten egoístas, se suman al resto, pagan el “codificado”.

Torneos y competencias lograron 9 espectadores, en lugar de 2.  Aunque no todos estuvieran pendientes los 90 y tantos minutos de la pantalla, cuando un gol convertido o “devorado”, un penal concedido o no cobrado, invitaba al resto con un “miraaaa lo que pasoooo”. Y entonces todos veían, sin quererlo o saberlo, una y otra vez la “jugada clave”, con la cartelería de yerba Rosamonte y de Vino Toro que el pibe de 12 años eligió sin saber explicar por qué, si nadie le dijo qué marca prefería.

Lo anterior fue escrito en mayo de 1995. En el 2020 no solo cobra actualidad, cambiando alguna marca o producto. En Dinamarca ahora le suman una pantalla gigante en un lateral de la cancha para que los futbolistas vean que hay gente por la app Zoom, alentando y mirándolos. Dicen que solo por la pandemia del Covid-19, adivinemos qué tipo y marca de cerveza o autos elegirá la mayoría de los daneses.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *