Mar del Plata es una ciudad cosmopolita por donde la miremos. No hay un censo que nos permita identificar en qué porcentaje los habitantes del Partido de Gral. Pueyrredón somos o no nativos de estas playas. La sensación por mi día día, es de un 80% no nativos.

Así como la Argentina es un crisol de razas, Mar del Plata también lo es, pero de ciudades o localidades de todas las Provincias. Ésto hace que cada familia –  ahora “marplatense” – tenga costumbres y gustos arraigados, adoptados desde sus progenitores. Esta verdad de Perogrullo se hace notoria con el deporte y con el fútbol en particular.

Córdoba, Tucumán, Rosario, Santa Fé, tienen una identidad muy afianzada. Pues si bien es cierto que no escapan a los abuelos o bisabuelos arribando en algún barco a nuestros puertos argentinos, lograron amar  como “propia” a la tierra que los cobijó y sus herederos. No sólo incorporaron “tonadas” del lugar, sino que afianzaron creencias, costumbres y amores. Entre estos últimos, el amor por la camiseta.

Córdoba es el ejemplo más evidente: Talleres, Belgrano, Racing, Instituto y en el Córdoba profundo, Estudiantes de Río Cuarto; nos muestran a hinchas tan fanáticos como genuinos que no entienden al que pregunta “¿y de Buenos Aires, de quién sos hincha?”.

Bastará con visitar un bar cualquiera de la Docta y pedir una gaseosa, puede que le falte Coca Cola o una Pepsi Cola, pero no faltará la Pritty. Tampoco será rechazada por el cliente de ese espacio gastronómico, no solo será aceptada, también elegida por sobre las más “afamadas”.

Mar del Plata es una de las ciudades de “doble camiseta”

Simpatizante de un equipo de fútbol, en su mayoría uno se “hace” entre los 4 y los 10 años de edad. Los que hemos venido a vivir a esta ciudad a los 15 o 20, primeros años de nuestras vidas, traemos el corazón impregnado de los colores del lugar de procedencia. Por designio paterno, o de algún familiar que primereó al legado machista, regalándonos una camiseta, llevándonos a babucha a una cancha, o por una sensación vivida en un estadio repleto que nos impactó para siempre. En consecuencia, a lo sumo, el marplatense por adopción podrá tener “simpatía” por un club lugareño. Pero lo que se dice “hincha”, es hincha del club de la cuna.

Ese cariño, la pasión, se contagia de generación en generación a menos que la dirigencia de los clubes a orilla del océano Atlántico planifiquen su futuro e incluyan un jardín de infantes con el salto, sí o sí, a un colegio propio del club. Ergo, los colores del jardín y de la escuela, identificados con el escudo en el club y con disciplinas deportivas que participen federadamente, harán el resto.

Claro, hay que esperar entre 8 y 10 años para ver los frutos, pero luego de que 10 mil alumnos pasen por sus aulas, encontraremos al equipo con mayor cantidad de  hinchas genuinos de la ciudad.

Recorrer el país en los últimos 35 años con transmisiones deportivas me permitió comprobarlo en Santa Fe y Tucumán, por ejemplo, con el colegio secundario incluido. Pero hay que empezar sí o sí con la primaria, donde comienzan nuestros sueños para toda la vida. ¿O no?

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